Cómo se comporta el cuerpo durante las horas del sueño

Dormir puede parecer un periodo de inactividad, pero durante esas horas el organismo desarrolla numerosos procesos. El cerebro cambia su nivel de actividad, la respiración y el ritmo cardíaco se modifican, la temperatura corporal desciende y se ponen en marcha mecanismos relacionados con la recuperación. Además, el cuerpo no permanece en un único estado: a lo largo de la noche atraviesa diferentes fases que se repiten en varios ciclos.

 

El cuerpo cambia de ritmo al quedarse dormido

El sueño comienza de forma progresiva. En las primeras etapas disminuye la actividad asociada a la vigilia y el organismo empieza a relajarse. El ritmo cardíaco y la respiración se hacen más lentos y la temperatura corporal baja ligeramente. No se trata de un estado uniforme, sino de una sucesión de fases con características diferentes.

El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre explica que el sueño se organiza en dos grandes fases: sueño sin movimientos oculares rápidos, conocido como no REM, y sueño REM. El ciclo completo suele repetirse cada 80 a 100 minutos y, en una noche habitual, pueden producirse entre cuatro y seis ciclos. La proporción de cada fase cambia conforme avanza la noche.

Durante el sueño no REM se distinguen tres etapas. La primera es la transición entre vigilia y sueño; en la segunda, el descanso se hace más estable; y en la tercera aparece el sueño profundo. Esta última suele ocupar más espacio durante la primera parte de la noche.

 

Qué ocurre durante el sueño profundo

El sueño profundo tiene una función especialmente relacionada con la recuperación física. En esta fase disminuyen de manera notable la frecuencia cardíaca y la respiración, los músculos se relajan y el organismo dedica recursos a procesos de reparación y restauración.

No significa que el cuerpo se desconecte por completo. Mientras el movimiento voluntario se reduce, continúan funcionando los sistemas necesarios para mantener la vida y se producen cambios hormonales y metabólicos. El descanso permite, entre otras cosas, recuperar energía y favorecer procesos vinculados con los tejidos. La distribución de esta fase también explica por qué dormir varias horas seguidas resulta importante. Los periodos de sueño profundo tienden a ser más prolongados al comienzo de la noche, mientras que las fases REM aumentan posteriormente. Interrumpir repetidamente el descanso puede alterar esa organización y dificultar que se complete adecuadamente el conjunto de ciclos.

 

El cerebro vuelve a activarse durante la fase REM

Después de atravesar las fases no REM, el organismo entra en el sueño REM. En este momento aumenta la actividad cerebral y se producen los movimientos oculares rápidos que dan nombre a la fase. También es habitual que aparezcan sueños especialmente vívidos. Una particularidad del sueño REM es el contraste entre la elevada actividad cerebral y la inmovilidad de gran parte de la musculatura voluntaria. Este mecanismo ayuda a evitar que el cuerpo reproduzca físicamente los movimientos de los sueños.

A medida que avanza la noche, los episodios REM suelen hacerse más largos. Por eso, aunque todas las fases forman parte del descanso, no cumplen exactamente las mismas funciones. El cerebro y el resto del organismo necesitan pasar por ellas para completar un ciclo de sueño normal.

 

Corazón, respiración y temperatura también se modifican

El sistema cardiovascular no funciona exactamente igual durante el sueño que durante la vigilia. En las fases no REM, la frecuencia cardíaca y la presión arterial suelen disminuir, ya que predomina una actividad del sistema nervioso que favorece el reposo. Durante el sueño REM, en cambio, estas variables pueden experimentar cambios y hacerse más irregulares.

La respiración también cambia según la fase. Durante el sueño profundo se hace más lenta y regular, mientras que durante el REM puede presentar mayor variabilidad. La temperatura corporal sigue igualmente un ritmo propio y tiende a disminuir durante el descanso. Estos cambios forman parte de la fisiología normal del sueño. El organismo no deja de trabajar: modifica su funcionamiento para adaptarse a las distintas necesidades de cada etapa.

 

Qué sucede en la boca mientras dormimos

La actividad del cuerpo durante el sueño también alcanza a la cavidad oral. La boca continúa realizando funciones, aunque algunas de sus condiciones cambian respecto a la vigilia. La producción de saliva disminuye durante la noche y, si además existe respiración bucal, puede aparecer una sensación mayor de sequedad. La saliva cumple funciones importantes: ayuda a limpiar la boca, facilita la deglución, mantiene unas condiciones adecuadas de pH y protege dientes y tejidos. Por eso, una reducción de su flujo puede favorecer determinados problemas orales. La American Dental Association señala que la producción salival alcanza sus niveles circadianos más bajos durante el sueño y que la sequedad puede agravarse con la respiración por la boca.

La información publicada por Clínica Dental De Arcos sobre lo que ocurre en la boca durante el sueño señala precisamente la disminución de saliva, la posibilidad de tensión muscular y la continuidad de la actividad bacteriana durante la noche. También relaciona estos fenómenos con situaciones como la sequedad bucal, el mal aliento y el bruxismo. Dormir tampoco significa que todos los músculos permanezcan completamente relajados durante toda la noche. Algunas personas aprietan o rechinan los dientes de manera involuntaria mientras duermen. Este fenómeno se conoce como bruxismo del sueño y puede pasar desapercibido para quien lo presenta.

El National Institute of Dental and Craniofacial Research señala que los casos más intensos pueden provocar desgaste de los dientes, dolor o cansancio mandibular y cefaleas. En ocasiones, la persona descubre el problema porque otra persona escucha el rechinar de los dientes o porque un profesional observa signos compatibles durante una revisión. El bruxismo no debe confundirse con una característica inevitable del sueño. Puede aparecer en determinadas personas y su intensidad puede variar. Cuando existen síntomas repetidos o signos de desgaste, una valoración profesional permite determinar qué está ocurriendo.

 

Por qué dormir bien es importante para todo el organismo

Durante la noche se coordinan procesos que afectan a numerosos sistemas. El sueño participa en la recuperación física, en la regulación de funciones metabólicas y hormonales y en determinados procesos relacionados con la memoria y el funcionamiento cerebral.

El descanso insuficiente o fragmentado puede impedir que el organismo complete adecuadamente sus ciclos. No basta, por tanto, con permanecer muchas horas en la cama: también importa que el sueño tenga una continuidad y una estructura adecuadas.