Apnea del sueño: un problema que puede acabar con tu matrimonio

Hoy tengo ganas de abrir mi corazón y lo hago contando una historia que, en mi caso, acabó bien, pero que a veces no es así. Espero que os sirva de ejemplo. Yo la verdad es que nunca pensé que algo tan “normal” como roncar pudiera poner en peligro mi matrimonio. Así como suena.

Durante años lo vi como una simple molestia, una broma pesada que mi pareja tenía que aguantar cada noche. “Roncas”, me decía, y yo me daba la vuelta y seguía durmiendo. No imaginaba que detrás de ese ruido se escondía un problema serio de salud… ni que estaba a punto de romper nuestra relación. Y ojo, que las estadísticas dicen que se producen muchas separaciones.

Los ronquidos son los culpables del 35% de las rupturas que se dan al final del verano. Ahí lo dejo.

Todo empezó poco a poco, como suelen pasar en estas cosas. Mis ronquidos fueron aumentando con el tiempo. Al principio eran esporádicos, pero después se convirtieron en algo diario. Mi pareja dejó de dormir bien. Se despertaba varias veces por la noche, cansada, irritable. Yo, en cambio, pensaba que dormía muchas horas, pero me levantaba agotado, como si no hubiera descansado nada.

Roncar parece algo inofensivo, algo que solo perjudica a la persona que duerme con el que ronca, pero no es así. Hoy sé que puede convertirse en un grave problema de salud. El ronquido se produce porque, mientras dormimos, se relaja la musculatura: la lengua, el paladar, los tejidos de la garganta. Eso hace que el paso del aire se estreche y vibre al respirar. Y aunque le pase a cerca del 50% de la población, no por eso deja de ser importante.

Todo a peor

En mi caso, la situación fue empeorando. Empecé a sentirme cansado todo el día, sin ganas de nada, mi mujer me decía que arrastraba los pies. Además, me costaba concentrarme en el trabajo, tenía mala memoria, vamos como digo yo siempre “estaba doblado”.

Y ojo porque a veces me quedaba dormido en el sofá sin darme cuenta algo que a mi mujer no le gustaba nada. Incluso llegué a tener episodios de somnolencia al volante. Vamos todo un Cristo y que ya empezaba a ser peligroso.

En casa, el ambiente se volvió tenso. Dormíamos en habitaciones separadas. Discutíamos por tonterías. Yo estaba irritable y mi pareja, agotada. Como suele pasar en este tipo de casos, la relación se estaba desgastando. Pensamos que serían cosas de la edad, como cantaba Modestia Aparte, pero no, eran cosas de apnea obstructiva del sueño, o SAHS.

Para que nos entendamos, la apnea del sueño es mucho más que roncar. Es algo que según me dijeron en la clínica se produce cuando el paso del aire se bloquea por completo y la respiración se detiene durante 10 segundos o más. Esto puede ocurrir muchas veces durante la noche, sin que la persona sea consciente, pero para enterarte lo mejor es que otra persona te lo diga.

Justo en ese momento el cuerpo se queda sin oxígeno y tiene que “despertarse” una y otra vez para volver a respirar. Así es imposible descansar bien.

Problemas

Está demostrado que este problema aumenta el riesgo de hipertensión, de infarto,  y también de diabetes. Incluso de disfunción sexual, aunque de esto prefiero no hablar.

La señal de alarma definitiva llegó cuando mi pareja me dijo que, por las noches, dejaba de respirar durante unos segundos. Se quedaba en silencio y luego daba una especie de jadeo. Eso ya no parecía normal. Fue entonces cuando decidí hacer algo. No solo por mi matrimonio, sino por mí.

Después de buscar información y pedir consejo, llegué a la Clínica Dental Garriga. Reconozco que me sorprendió acudir a una clínica dental por un problema de sueño, pero fue una de las mejores decisiones que he tomado. Allí me explicaron todo con claridad y palabras sencillas. Me sentí escuchado y, sobre todo, comprendido.

Me diagnosticaron correctamente y me hablaron de una de las opciones de tratamiento: el dispositivo de avance mandibular, conocido como DAM.

Es un aparato hecho a medida que se utiliza para dormir. Su función es adelantar ligeramente la mandíbula para mantener la vía aérea abierta y facilitar el paso del aire. Así se reducen los ronquidos y las apneas.

Al principio me costó adaptarme, no voy a mentir. Pero en pocos días empecé a notar los cambios. Dormía mejor, me despertaba con más energía y mi pareja volvió a descansar. Los ronquidos disminuyeron de forma notable y las apneas desaparecieron. Volvimos a compartir cama, y con ello, la tranquilidad.

Hoy miro atrás y me doy cuenta de lo cerca que estuvimos de que este problema acabara con nuestro matrimonio. Todo por no darle importancia a algo que parecía “normal”.