¿El Reiki funciona de verdad?

Reiki

Últimamente escucho mucho sobre el Reiki. Entre amigos, redes sociales y hasta podcasts, parece que todo el mundo tiene algo que decir sobre él, y mira que de verdad que no lo conocía hasta que mi esposo me habló de él porque quería probarlo.

Y sí, yo también me pregunté: ¿realmente funciona? Cuando hablo con gente que ha hecho sesiones de Reiki, hay opiniones de todo tipo: algunos sienten algo raro, pero agradable; otros relajación total, como si su estrés se fuera: otros no sienten nada y lo consideran solo un momento de relajación más.

Pero, más allá de si realmente «mueve energía» o no, todos coinciden en que hay algo que hace que la mente se calme. Y esa calma, aunque suene simple, ya es un efecto importante.

 

Cómo se siente una sesión de Reiki

Imagínate sentarte en una sala tranquila, con luz suave y música relajante de fondo. El practicante coloca las manos sobre ti o cerca de tu cuerpo, según la técnica, y empieza a «trabajar» la energía. Algunos sienten calor, cosquilleo, hormigueo o incluso frío en ciertas partes del cuerpo. Otros, relajación profunda, como si su mente dejara de correr.

Aunque la sensación sea distinta en cada persona, la mayoría salen más tranquilos. No importa si crees en la energía o no, estar quieto con alguien que te guía y te trata con cuidado ya tiene un efecto. Pienso que eso explica por qué tantas personas dicen sentirse mejor después de una sesión: no necesariamente porque se haya movido energía, sino porque tu cerebro se relaja y tu cuerpo responde a ese momento de atención.

Otra cosa interesante es que algunos lo combinan con meditación durante la sesión, y ahí los efectos parecen multiplicarse: tu mente se desconecta y tu cuerpo se relaja. Eso solo ayuda a reducir estrés y ansiedad.

 

¿Qué piensan los científicos del tema?

No hay pruebas contundentes de que el Reiki funcione, como dicen los practicantes más tradicionales. La investigación es limitada, y los resultados suelen ser pequeños o poco consistentes. Sin embargo, algunos estudios muestran que ayuda a reducir ansiedad y estrés, aunque sea solo por el efecto relajante.

Lo interesante es que, incluso en estudios controlados, las personas que reciben Reiki reportan sentirse más calmadas. Y es que, aunque la ciencia aún no respalde todo lo que se dice sobre esta técnica, sus beneficios indirectos están ahí: menos estrés, más tranquilidad, mejor sueño… Y, además, como no tiene efectos secundarios negativos, muchas personas deciden probarlo, aunque sea solo para relajarse un poco.

Creo que es precisamente esa mezcla entre lo espiritual, lo terapéutico y lo mental lo que atrae a la gente. Y si, encima, lo pruebas y te relaja… pues oye, punto positivo.

 

Diferencias entre Reiki y otras técnicas de relajación

Compararlo con meditación o yoga puede ayudar a entenderlo. Con yoga, tu cuerpo hace el trabajo, con meditación, tu mente. Reiki intenta tocar ambos, aunque de una forma distinta. Durante una sesión no te mueves, no respiras especialmente, solo te relajas y dejas que el practicante trabaje contigo. Para algunas personas eso es suficiente para notar un cambio.

Otra cosa que me parece relevante es que, a diferencia de un masaje normal, en Reiki no hay presión ni manipulación física intensa. El contacto puede ser ligero, pero la idea es sentir esa «conexión energética». Incluso si no crees en la energía, notarás que tu cuerpo se relaja solo con estar quieto y recibir atención. En mi opinión, eso explica por qué muchos consideran que el Reiki funciona: es una pausa en la rutina, un espacio para ti, sin interrupciones.

Un detalle que a veces pasa desapercibido es la intención del practicante: algunas personas sienten que es más efectivo si la persona que lo aplica realmente tiene experiencia y enfoque. Eso es lógico: cuando alguien está concentrado en ti, tu mente lo percibe y eso genera confianza y calma. Así que, si decides probarlo, busca alguien que te haga sentir cómodo, que explique lo que va a hacer y con quien te sientas seguro. Eso suma muchísimo a la experiencia.

 

Aunque sea un efecto placebo, está claro que a la gente le siente bien

Muchos dicen que si algo funciona solo por placebo, no sirve, y yo no estoy de acuerdo. El placebo no es engañar a la gente, es tu mente reaccionando a algo que espera que funcione. En el caso del Reiki, si crees que te va a ayudar y notas alivio, eso ya es un efecto real. Tu cuerpo y tu mente se benefician, aunque sea solo por tu expectativa.

Incluso quienes no creen nada y lo hacen por curiosidad, muchas veces también se relajan. Esto muestra algo importante: no siempre hace falta entender todo para que algo funcione. El simple hecho de sentarte, recibir atención y respirar profundo puede dar resultados. Eso no es magia ni energía que se mueve; es tu cuerpo y tu mente respondiendo a un momento de calma.

 

Pero hay que ser críticos

El Reiki no cura enfermedades ni reemplaza tratamientos médicos. No hay evidencia científica fuerte de que canalice energía ni que tenga efectos directos en la salud más allá de la relajación. Por eso es importante tener claro que cualquier beneficio real suele ser indirecto: menos estrés, mejor descanso, sensación de bienestar.

Aún así, tiene algo a su favor: es seguro. A diferencia de muchos medicamentos o terapias intensas, una sesión de Reiki no te va a dañar ni tiene efectos secundarios graves. Por eso, aunque dudes de su efectividad, no hay nada que perder al probarlo. Lo único que se puede ganar es un momento de calma y un poco de bienestar.

Mi opinión es que si te llama la atención, vale la pena experimentar. No esperes milagros ni resultados espectaculares, pero sí un espacio para relajarte y desconectar un rato. Y eso, en el día a día, ya puede marcar la diferencia.

 

Historias reales que escuché sobre Reiki

Conozco gente que usa Reiki, como mi marido, para el estrés, el dolor de espalda, incluso para emociones difíciles. Algunos dicen que no les cambió la vida, pero sí les dio un respiro. Otros sienten alivio sorprendente en momentos de ansiedad o insomnio. Nadie dice que sea milagroso, pero sí que ofrece un espacio para estar contigo mismo, sin distracciones.

Lo que me gusta de estas historias es que muestran diversidad. No hay un patrón exacto de lo que se siente, y eso está bien. Cada cuerpo y mente reaccionan distinto. Algunos sienten calor en la mano del practicante, otros sienten hormigueo, algunos solo una tranquilidad silenciosa. Y aunque no haya evidencia científica fuerte para todo esto, las experiencias personales son válidas y aportan algo real: la sensación de bienestar.

Además, muchas personas combinan Reiki con otras actividades: meditación, ejercicio suave, respiración profunda o incluso escribir sus emociones, y ahí es donde los resultados parecen más notables. La técnica sola puede ser relajante, pero acompañada de hábitos positivos, puede ayudar de manera más significativa.

 

Cómo integrar Reiki en tu rutina

Si decides probar Reiki, no hace falta hacerlo todos los días ni vivir obsesionado con la “energía”. Incluso una sesión cada cierto tiempo puede ser suficiente para notar cambios.

Escucha tu cuerpo y tu mente. Si algo te hace sentir bien, vale la pena repetirlo. Y aquí hay un consejo que escuché de gente de Vidaes, un espacio dedicado a tu bienestar físico, mental, emocional y espiritual, nos aconseja lo siguiebte: “no te presiones por sentir algo específico durante la sesión. Muchas veces, el beneficio viene de simplemente tomarte un tiempo para ti y estar presente. No esperes milagros ni sensaciones espectaculares: si logras relajarte y desconectar un poco, eso ya es un éxito”.

La clave es no compararte con nadie. Cada persona reacciona distinto. Algunas sienten cosas raras, otras no sienten nada, y ambas experiencias son válidas. Lo importante es permitirte probar, sentir y decidir qué funciona para ti. El Reiki puede ser una herramienta más dentro de tu rutina de cuidado personal, no una solución mágica que lo arregla todo.

 

Que opino yo sobre el Reiki

Después de escuchar tantas experiencias y reflexionar sobre cómo funciona, creo que el Reiki tiene sentido como herramienta de bienestar, más que como una técnica milagrosa de curación. Ayuda a relajarte, a desconectar y a enfocarte en ti mismo, y eso ya tiene un valor enorme. No todos sentirán lo mismo, pero todos pueden beneficiarse de la calma que genera.

Si algo he aprendido es que no hace falta entender todo para que algo funcione. A veces, permitirte probar y sentir lo que pasa es suficiente. Y eso aplica para el Reiki, para meditación, para yoga o para cualquier técnica de autocuidado. Cada experiencia es válida, cada sensación cuenta, y lo importante es cómo te hace sentir a ti, no a los demás.

Al final, la pregunta “¿El Reiki funciona de verdad?” no tiene una respuesta única. Funciona si tú decides que funcione, si lo integras en tu rutina de manera consciente y sin expectativas exageradas. Y aunque no sea científico al 100%, su valor práctico en la vida cotidiana es real: un momento para relajarte, reconectar contigo mismo y bajar el estrés. Y eso, en estos días, no es poca cosa.