Ácido hialurónico y odontología

No vamos a decir que el ácido hialurónico tiene propiedades curativas ni que hace maravillas en los dientes cuando están en mal estado. Nada más lejos de la realidad. Pero sí es cierto que es muy utilizado en las clínicas dentales por los propios dentistas. Sus aplicaciones se centran en la armonización orofacial, por lo que podemos considerar que son estéticas. Esta sustancia ha cobrado mucha popularidad en los últimos tiempos, debido a su uso en medicina estética, aunque no se limita a esa especialidad, como veremos a continuación. Aparte de eliminar las arrugas de expresión de la cara, es conveniente mejorar el aspecto y la función del tercio inferior de la misma, es decir, el área clave de la odontología estética.

El ácido hialurónico es una sustancia natural que se encuentra en nuestro organismo. Esta sustancia es capaz de retener una gran cantidad de agua, proporcionando volumen, hidratación y elasticidad a los tejidos. De ahí su aplicación estética para mejorar la piel. En el campo de la odontología, se utiliza para corregir y armonizar el aspecto de la zona perioral, es decir, el tercio inferior del rostro, mejorando la estética de la sonrisa.

Su aplicación se ha convertido en una técnica fundamental para alcanzar la armonización orofacial, lo que permite que los profesionales de la odontología puedan ofrecer soluciones más completas, yendo más allá de los tratamientos dentales convencionales. Con la aplicación de ácido hialurónico se pueden tratar las arrugas, las líneas de expresión, aumentar los labios, mejorar el perfil de la mandíbula y devolver el volumen que se ha perdido en algunas áreas de la cara. El resultado es proporcionar al paciente un resultado más juvenil y estético.

Habrá quien se pregunte por qué se utiliza tanto en este tipo de tratamientos si se trata de una sustancia natural que produce el organismo. La respuesta es bastante sencilla: a medida que cumplimos años, disminuye su nivel de producción en el organismo.

Aplicaciones y beneficios del ácido hialurónico

Aplicar ácido hialurónico requiere de una técnica de inyección que, en el campo de la odontología, necesita habilidad y conocimiento de la anatomía facial para poder garantizar unos buenos resultados, naturales y seguros. En la Clínica Cooldent, donde combinan la experiencia con la innovación, nos explican que es necesario que los dentistas que quieran trabajar en este campo en particular dominen la técnica de inyección para poder aplicar el tratamiento con ácido hialurónico con eficacia en las zonas del rostro que el paciente desee.

Algunas de las zonas más comunes en las que se suele aplicar el ácido hialurónico dentro de la odontología son los labios, las líneas de expresión del labio superior o la mandíbula, como veremos con más detalle. Esta sustancia no solo rellena y reduce las líneas de expresión, sino que tiene otras finalidades, siempre centradas en la mejora de la estética orofacial.

Mejorar el volumen de los labios es una de las aplicaciones más conocidas del ácido hialurónico. Unos labios finos o que han perdido su volumen proporcionan al rostro un aire cansado y un aspecto envejecido. Con la aplicación de ácido hialurónico se aumenta el volumen de forma natural y armoniosa, lo que supone una definición de su contorno y les proporciona mayor hidratación.

Corregir las imperfecciones faciales es otra de las finalidades de esta sustancia. Se puede utilizar para la corrección de pequeñas imperfecciones faciales como pueden ser las ojeras, cicatrices o surcos faciales poco profundos, lo que proporciona un aspecto más uniforme y con mayor tersura a la piel.

Otra de sus aplicaciones dentro del campo de la odontología es el tratamiento del bruxismo. Este hábito involuntario de rechinar o apretar los dientes provoca desgaste dental, dolor mandibular y cefaleas. El ácido hialurónico se inyecta en los músculos maseteros para relajar la musculatura, lo que supone una reducción de los síntomas ocasionados por el bruxismo.

Por último, citaremos que los tratamientos de ácido hialurónico suponen una mejora estética en las encías, por lo que se utiliza para rellenar las zonas retraídas o asimétricas, produciendo un soporte con mayor firmeza para los dientes. Esto mejora tanto la apariencia de la sonrisa como previene las enfermedades periodontales.

Estas son solo algunas de las aplicaciones que se pueden realizar dentro del campo de la odontología, siempre llevadas a cabo previo diagnóstico y teniendo en cuenta las necesidades particulares de cada paciente.

Cuando los pacientes requieren la aplicación de un tratamiento de ácido hialurónico, obtienen una serie de ventajas, de las cuales vamos a destacar que se trata de un procedimiento mínimamente invasivo, ya que su aplicación no requiere cirugía, minimizando el tiempo de recuperación. Los resultados son inmediatos y los pacientes pueden notar mejoras visibles prácticamente tras salir de la consulta. Mejora la estética y la salud oral, ya que contribuye a que los tejidos orales y periimplantarios tengan mejor salud. Además de que reduce el dolor, la recuperación tras el tratamiento es rápida. Al ser biocompatible, el riesgo de que se produzcan reacciones adversas es mínimo y acelera los tiempos de cicatrización.

Este tipo de tratamientos se indica en aquellas personas que buscan la mejora de la estética facial y el tratamiento de problemas que se encuentran relacionados con las encías y los tejidos blandos de la cavidad oral. Al mismo tiempo, es la solución más adecuada para aquellas personas que buscan soluciones menos invasivas para complementar otro tipo de tratamientos como los implantes o la ortodoncia.

Posibles riesgos y efectos secundarios

Se habla mucho de las aplicaciones y beneficios de los tratamientos de ácido hialurónico, pero también hay que dar a conocer sus posibles riesgos y los efectos secundarios que se pueden producir con su aplicación. Como hemos dicho y todo el mundo sabe, el ácido hialurónico es una sustancia natural presente en el organismo. Por lo que podemos asegurar que no es peligroso y su aplicación no tiene por qué provocar ningún tipo de problema. Sin embargo, no se puede obviar que, al acudir a una clínica dental para recibir un tratamiento, siempre existe la posibilidad de que haya que afrontar algunos riesgos asociados. Antes de hablar sobre ellos, diremos que, por muy natural que sea, el uso de ácido hialurónico está contraindicado en las siguientes circunstancias:

  • Mujeres embarazadas o en periodo de lactancia.
  • Si se padecen dolencias neuromusculares o degenerativas, en cuyo caso depende del historial médico y la medicación pautada para combatir los síntomas, aunque es más conveniente optar por otra alternativa.
  • Si se padece una infección viral y se está en tratamiento.
  • Cuando la parte de la boca a tratar está inflamada o sufre alguna dolencia en la piel.

Ante cualquiera de las situaciones citadas, hay que hablar con el dentista para que tenga en cuenta la situación, ya que las consecuencias de aplicar ácido hialurónico podrían no ser precisamente positivas para la salud.

En cuanto a los posibles riesgos que puede provocar un tratamiento con ácido hialurónico, resulta interesante y necesario valorar la gravedad de los efectos secundarios que podrían aparecer.

Uno de ellos es la equimosis. En la zona en la que se aplica el tratamiento se produce la perforación de algunos vasos sanguíneos. El dentista prescribe un tratamiento para solucionar el problema que no suele ser más que aplicar frío local. El objetivo del tratamiento con frío es bajar la cantidad de sangre que se ha acumulado en la zona donde se ha inyectado el ácido.

La necrosis es cuando se produce la muerte del tejido intervenido. Aparece cuando el tratamiento se aplica por accidente en una arteria. Si se produce necrosis a consecuencia del tratamiento, hay que proceder a retirar el tejido necrosado y recurrir a un injerto.

Cuando se produce enrojecimiento e inflamación en la zona tratada, nos encontramos ante un eritema. Esto puede producirse a consecuencia de la aplicación de un producto demasiado denso o no haber sido inyectado en el plano correcto de la piel. En estos casos se recetan analgésicos y antiinflamatorios para reducirlo.

Aunque no se considera como un efecto secundario muy habitual, las infecciones también pueden producirse a consecuencia de una aplicación errónea. Su origen se encuentra en un virus o bacteria que haya contaminado la sustancia previamente. En algunas ocasiones basta con que entren en contacto con el instrumental odontológico. Conocer la causa real de la infección es esencial para poder recibir el tratamiento antibiótico adecuado.

También pueden producirse nódulos, pequeños bultitos de color blanco que rodean la zona en la que se ha inyectado el ácido. En la mayoría de los casos, esto se debe a una técnica inapropiada de aplicación. Así como las alergias, que suponen entre un tres y tres y medio por ciento de pacientes que las desarrollan y cuya reacción suele consistir en eritema, edema o hiperemia.

En cualquier caso, siempre hay que contar con un buen profesional de la odontología que explicará al detalle la necesidad del tratamiento, todos los beneficios que reporta y las posibles reacciones adversas que se puedan producir. Basta con seguir las indicaciones del dentista para que cualquier efecto adverso se resuelva como es debido y se puedan apreciar los efectos positivos del tratamiento.