Hay días muy normalitos en la consulta, de echo son la mayoría… Alguna caries, limpiezas, una endodoncia… Pero hay otros que no puedes olvidar en la vida. He conocido a personas que han venido a mi consulta y me ha dado miedo de como tenían la boca.
Y todo eso por errores que podríamos cometer o estar cometiendo cualquiera de nosotros. Estos diagnósticos que os voy a contar los he tratado en mi consulta y, algunos, no han acabado bien. Quiero contaros estos cinco casos para escarmentaros a más de uno. Porque, como dentista, me duele no poder poner remedio a muchas de las cosas que atormentan a mis pacientes.
Caso 1: Javier, 52 años — Me viene con dolores insoportables
Javier entró en mi consulta agarrándose la cara. Cuando empezó a hablar lo vi, tenía un gran flemón en un lado de la cara. El ojo izquierdo le lagrimeaba… Tenía que dolerle muchísimo… apenas podía hablar.
—Llevo semanas así, pero ayer ya no pude más.
Le abrí la boca para echar un vistazo. La encía estaba muy hinchada en la zona de una muela. Había pus. La pieza estaba negra y prácticamente destruida, apenas quedaba estructura. En la radiografía, el problema era todavía más claro: una infección que llevaba tiempo avanzando y que ya había afectado al hueso… Eso es una de las cosas más peligrosas que pueden pasar.
Le pregunté cómo había llegado a ese punto. Me dijo algo que he escuchado muchas veces:
—“Me dolía de vez en cuando, pero se me pasaba. Pensé que no era nada.”
La realidad es que sí era algo, desde hacía ya mucho tiempo. Probablemente empezó con una caries pequeña, pero fue avanzando sin control.
El diagnóstico fue una infección grave con absceso. No pudimos salvar la muela. Tuvimos que extraerla y empezar tratamiento con antibióticos. El problema fue que, aunque el tratamiento funcionó y controlamos la infección, ya había pérdida de hueso. Eso le complicó mucho la posibilidad de ponerle un implante después.
Este caso se podría haber evitado si hubiera ido desde el principio al dentista. Literalmente, años antes. Esto le pasó por no actuar a tiempo.
Caso 2: Marta, 38 años — Cada vez que se cepillaba, llenaba el cepillo de sangre
Marta vino porque le sangraban las encías al cepillarse. No parecía muy preocupada y, al verla tranquila, pensé que sería poca cosa. Pero, cuando abrió la boca, me puse serio. Tenía las encías inflamadas, retraídas, y con zonas donde el diente ya se veía más largo de lo normal. Había movilidad en varias piezas.
Le hice pruebas y confirmé lo que me temía: sufría una enfermedad avanzada de las encías.
Cuando le pregunté desde cuándo le pasaba, me dijo:
—Uf… años. Pero, como no me dolía, pensé que era normal…
La gente no se entera de que, muchas enfermedades no producen dolor, pero no significa que no sean graves…
Le hice un tratamiento bastante largo. Limpiezas profundas, control muy estricto de higiene, revisiones frecuentes. Marta puso mucho de su parte, pero el daño ya estaba hecho. Conseguimos frenar la enfermedad, pero no recuperar lo perdido. Hasta acabó perdiendo dos dientes.
Tenéis que saber que el sangrado de encías no es normal. Nunca. Si alguien ve sangre al cepillarse, ya hay un problema. Y cuanto antes se actúe, mejor pronóstico habrá.
Caso 3: Luis, 61 años — Rechinando los dientes al dormir
Luis vino porque notaba los dientes raros. No le dolían, ni le sangraban… pero los notaba sensibles e incómodos. Cuando le miré la boca, me llamó la atención lo desgastados que los tenía. Los dientes estaban muy planos, como si se hubieran ido desgastando poco a poco. Algunos hasta tenían fisuras.
Le pregunté si apretaba los dientes. Me dijo que su mujer siempre le decía que por la noche hacía ruido. Eso era lo que pasaba…
Su diagnóstico fue desgaste severo por apretar y rechinar los dientes durante años. Demasiados años diría yo.
El tratamiento no fue fácil ni barato:
- Ponerse una férula de descarga para dormir
- Reconstrucción de varias piezas
- Seguimiento continuo
Funcionó, en parte. Conseguimos frenar el problema, pero el desgaste acumulado era irreversible en muchas zonas.
Apretar los dientes al dormir, no es una tontería. Puede causarte problemas muy serios si te llevas durante mucho tiempo así.
Caso 4: Ana, 29 años — Me tenía mucho miedo
Ana tardó años en venir. Lo dijo ella misma nada más sentarse:
—Me da pánico el dentista.
Venía porque ya no podía más y le dolían varias partes de la boca. Cuando se la miré, vi varias cosas. Algunas caries grandes, tres ya muy profundas. Dientes rotos. Infecciones en más de una pieza.
Le pregunté cuánto tiempo llevaba sin venir y me dijo:
—Desde los 12 años.
Abrí los ojos de par en par… eran casi 20 años sin ir al dentista. Pues, por culpa de eso, el tratamiento que le esperó, fue largo y difícil:
- varias endodoncias
- extracciones
- reconstrucciones
- mucho trabajo psicológico para que pudiera seguir viniendo
Algunas piezas se pudieron salvar, otras no. Lo más importante fue que Ana cambió su relación con el dentista. Pasó del miedo total a poder venir con normalidad.
A ver, es normal tener miedo a que te toqueteen la boca. Pero, hay que pensar que hay problemas que, si uno alarga el no ir, con el tiempo acaban siendo mucho más graves y pueden acabar teniéndote que hacer cosas más feas, incómodas y dolorosas. Eso es lo que hay…
Caso 5: Carmen, 67 años — Con el cuerpo resentido por culpa de la boca
Carmen vino derivada por su médico. Tenía problemas generales de salud y sospechaban que la boca podía estar influyendo. Cuando la exploré, encontré múltiples infecciones crónicas. Dientes en muy mal estado, encías muy afectadas. Era una boca con muchos focos de infección activa.
Le pregunté si le dolía. Me dijo:
—No mucho… ya me acostumbré.
Ese “me acostumbré” es peligroso. El cuerpo a veces se adapta al dolor y las molestias, pero el problema solo sigue aumentando…
Tuve que hacer un trabajo exhaustivo, con:
- varias extracciones
- limpiezas profundas
- eliminación de focos infecciosos
La paciente mejoró, pero con el tiempo, ya que había muchos factores acumulados.
Con esto hay que tener mucho cuidado. He leído casos de infecciones dentales que han acabado afectando al corazón… Esto no es una tontería.
Caso 6: Sergio, 44 años — Automedicación con antibióticos
Sergio vino un lunes por la mañana con la cara visiblemente hinchada. Al verle, pude comprobar que la hinchazón era general y no en un lugar de la cara, lo que ya me preocupó bastante. Se sentó y lo primero que me dijo fue:
—Esto empezó con un dolor de muela hace unos días, pero ayer se me empezó a hinchar así.
Al abrir la boca, vi una infección bastante avanzada en una muela inferior. La encía estaba muy inflamada. Si se quedará ahí no habría problema, pero como os he dicho la hinchazón estaba extendiéndose por toda la cara.
Le hice una radiografía y ahí se confirmó: una infección profunda que había salido del diente y estaba afectando a tejidos colindantes.
Le pregunté si había tomado algo antes de venir. Me dijo:
—Sí, me tomé antibióticos que tenía en casa.
Aquí me eché las manos a la cabeza, porque la cosa podía complicarse aún más. La gente suele hacerlo, pero no es lo mismo automedicarse con un mucolítico o un antiinflamatorio que con antibióticos…
El tratamiento fue urgente:
- antibiótico bien pautado
- drenaje de la infección
- extracción de la muela
Nada más llegar a casa lo comenté con un amigo que trabaja en la Clínica CKA Grupo Dental, y me dijo que podría complicarse porque yo no podía estar seguro de cuánto tiempo se había estado tomando esos antibióticos ni con qué frecuencia. Lo que podría haber hecho a las bacterias de esa infección mucho más fuertes y resistentes al antibiótico y acabar complicándose.
Afortunadamente, respondió bien al tratamiento que le puse, pero fue un caso que podía haber ido a más si se dejaba pasar unos días más.
En conclusión, que no hay que automedicarse, que hay que ir pronto al dentista cuando te duele algo y que uno no se puede aguantar.
Caso 7: Laura, 35 años — Embarazada y con problemas dentales
Laura vino a consulta después de dar a luz. Venía cansada, con poco tiempo, como suele pasar en esa etapa. Me contó que:
—Durante el embarazo me sangraban mucho las encías, pero mi madre me dijo que era normal.
Cuando le revisé la boca, vi una inflamación importante de encías y acumulación de sarro. Creo que ya tenía el problema de antes, pero que el embarazo lo había agravado…
Le pregunté si había ido al dentista durante esos meses y me dijo que le daba miedo que una intervención dental con anestesia pudiera afectar al bebé. Me quedé pensando… No era la primera vez que oía algo así. Pero, ¿qué le cuesta a la gente acercarse y preguntar?
El diagnóstico fue una enfermedad de las encías que se había intensificado con los cambios hormonales. No era irreversible, pero sí requería tratamiento y podía dejar algunas secuelas.
Hicimos:
- limpieza profunda
- control de higiene muy detallado
- revisiones más frecuentes
Laura mejoró bastante porque se implicó mucho, pero le costó recuperar la salud completa de sus encías.
Cuando una mujer se queda embarazada pasa por un proceso en el que su cuerpo sufre muchos cambios y, si tiene algún problema de salud, este se puede agravar bastante y acabar por resentir la salud general. Hay que tener cuidado tanto con lo que hacéis como con lo que no hacéis en esta etapa.
Caso 8: Andrés, 23 años — Adicto a las bebidas energéticas
Andrés era joven, y eso es lo que más llamaba la atención del caso. No esperas ver un problema serio en un chaval de 23 años.
Vino porque notaba sensibilidad al frío y a lo dulce. Nada especialmente alarmante en principio. Pensaba que tendría los dientes algo desgastados por alguna limpieza o blanqueamiento casero que se hubiera hecho con bicarbonato… Pero cuando abrió la boca, lo que vi fue desgaste del esmalte bastante evidente. Los dientes tenían zonas más transparentes, más finas, y algunas pequeñas cavidades.
Esto no era normal en alguien joven… habían tenido que someter a esos dientes a un desgaste continuo y agresivo durante años.
Le pregunté lo de la limpieza y me dijo que el no había hecho nada de eso… pero cuando le pregunté por sus hábitos, descubrí lo que pasaba.
—Bebo muchas bebidas energéticas… casi todos los días.
—Juegas a videojuegos, ¿no?
Sabía que era algo típico de los chicos de hoy en día… Pasan horas y horas en los videojuegos, a veces, las noches enteras. Luego tienen que ir al instituto o la universidad. Era lo normal.
El diagnóstico fue erosión dental avanzada causada por el consumo frecuente de bebidas ácidas.
El tratamiento fue:
- cambiar hábitos de forma radical
- aplicar tratamientos para reducir la sensibilidad
- reconstruir algunas zonas dañadas
El problema que muchos no saben es que el esmalte que se pierde no vuelve. Se puede proteger, se puede reparar en parte, pero no recuperar como antes.
Andrés mejoró porque cambió sus hábitos, pero el daño ya estaba hecho.
Muchos no saben que las cosas ácidas también gastan el esmalte. Comer muchas cosas con vinagre, limón, o bebidas como las gaseosas, las bebidas energéticas… Todo eso desgasta el esmalte, sobre todo continuamente.
No solo por no lavarse los dientes, sino porque cuando bebes algo ácido y justo después te lavas los dientes arrastra parte del esmalte con el cepillo, actúa como un decapante en la madera y tienes que tener cuidado. Siempre hay que esperar mínimo media hora.
Otra cosa que la gente no sabe es el PH de la saliva. Cuantas más bebidas ácidas bebas más ácida será tu saliva, lo que acabará exponiendo el diente al ácido constantemente.
Lo que quiero que aprendas tú de todo esto
No esperes más, cuida tu salud dental ahora. No te automediques y si no sabes algo, pregunta. Y, por favor, dejad de permitir beber a los niños y adolescentes las bebidas energéticas a todas horas… Si ese chaval tenía así los dientes, no me quiero imaginar como tenía el resto del cuerpo.
Actuar a tiempo y cuidarte, es lo mejor que puedes hacer.




