La necesidad de buscar un psicólogo después del divorcio

El divorcio no es únicamente firmar unos papeles y dividir una casa. Muchas personas sienten como si les arrancaran una parte de la vida que creían sólida y aparece un vacío que suele estar en el alma.

Lo normal es que esta complicada situación vital, con el paso del tiempo, mejore, pero en ocasiones, sin la ayuda de los profesionales, estamos ante un dolor que se puede enquistar.

Un nudo que no siempre se puede deshacer por uno mismo

Os voy a contar mi experiencia. Cada mañana me levantaba con un peso en el pecho y le daba vueltas una y otra vez a todo, pensando qué es lo que salió mal en mi matrimonio.

Se mezclaban la tristeza, la culpa y la rabia y no tenía ganas de nada. Es lógico que aparezcan estos sentimientos, porque con el divorcio se pierde a la pareja, planes, rutinas e incluso la imagen que uno tenía de sí mismo. Si después de meses sigues durmiendo mal, no disfrutas de tomar un café con tu familia o evitas cualquier clase de plan con la gente, lo mejor es que pidas ayuda.

Quisimos preguntar por este a los expertos de Haya Psicólogos, los cuales nos dijeron que un divorcio tiene una serie de etapas similares a las que ocurren cuando se pierde a un familiar, tales como la negación, ira, negociación, depresión, y acaba con la aceptación. Un psicólogo ayuda a que conozcas en qué punto te encuentras y a moverte adecuadamente para salir de la situación.

Un impacto silencioso en la vida diaria

Estamos ante un problema que no es solamente emocional, puesto que también afecta físicamente: dolor de cabeza, problemas de concentración en el trabajo y un cansancio que no cesa.

Cuando hay hijos de por medio, todo se multiplica. Hay que ser fuerte por ellos y no derrumbarse. Muchas personas tienen sentimiento de culpa por haber roto la relación o tienen miedo a no saber criar a sus hijos.

En el trabajo se pueden cometer errores tontos o perder la motivación. En lo social, puedes terminar aislándote porque nadie te entienda o porque duele mucho hablar del tema.

Los terapeutas te dan herramientas para manejar este tipo de sentimientos; técnicas para reducir la ansiedad, maneras para hablar con los niños y estrategias para establecer límites en tu relación con tu ex.

¿Puedo salir de esta situación por mi cuenta?

Aunque la familia y los amigos son un gran apoyo, todos tienen límites. Desean animarnos y para ello minimizan la situación. Todo esto duele más porque sentirás que dan menos valor a tu pena. Las personas necesitan en muchas ocasiones un espacio neutral en el que soltar todo lo que sientan sin filtros ni miedos a sentirse juzgados.

Los clásicos libros de autoayuda o apps de meditación pueden ayudar, pero nunca van a ser tan eficaces como alguien que de verdad te escuche y adapte los consejos a tu propia historia.

¿Qué hace un psicólogo en este tipo de situaciones?

En las primeras sesiones, te escucha sin prisas y ayuda a que ordenes el caos mental en el que te encuentras. Más tarde, se trabaja en varios temas en concreto: procesar la rabia que sientes hacia tu ex, reconstruir algo tan importante como la autoestima y hacer planes ilusionantes de cara al futuro.

Se utilizan enfoques como la terapia cognitivo-conductual para que se cambien los pensamientos negativos por otros realistas. Se puede poner en marcha la terapia de aceptación en el caso de que el dolor persista. En los casos de ansiedad fuerte, lo que hacen es enseñarte ejercicios para respirar o mindfulness especialmente adaptados a tu caso.

Los padres divorciados suelen tener sesiones que se focalizan en la comunicación entre ellos: formas de hablar con la ex sin necesidad de discutir delante de los niños o cómo se puede ayudarles a expresar lo que sienten.

¿Cuándo debes acudir al psicólogo?

Lo mejor es no esperar a tocar fondo. Si pasaron tres meses y sigues igual o peor, debes visitar al profesional. Las señales claras son: llanto frecuente, perder peso o apetito, ideas negativas o funcionar mal en el trabajo. Si además hay violencia verbal con tu ex o los niños comienzan a tener problemas escolares, con mayor razón es necesario visitar al psicólogo.

Lo mejor es hacerlo después de firmar el divorcio, pues cuanto antes acudas, menos traumático será todo.

Historias reales que pueden motivarte

Mi amigo Pedro, con 47 años, es un ejecutivo de banca con dos niños. El divorcio fue amistoso teóricamente, pero él tenía mucha rabia acumulada. Decidió, aconsejado por sus amigos, ir a terapia y soltó toda la rabia, desde una infancia complicada a los miedos de fallar como padre. Salió de la situación y ahora ha rehecho su vida.

Mi buena amiga Isabel, que también pasó por un duro divorcio y de no querer ni mirarse al espejo debido al sobrepeso que sufría, acabó por comenzar a ir al gimnasio e incluso ascender laboralmente, gracias al trabajo con su psicólogo.

¿Cómo puedes cuidarte?

En ocasiones hay que esperar a que te den cita. Mientras tanto, lo mejor es salir a andar, aunque sea veinte minutos, ya que el movimiento ayuda a que se liberen endorfinas.

Otra buena medida es escribir un diario en el que puedas descargar tus pensamientos. Siempre debes rodearte de gente positiva, pero también hay que ser conscientes de la necesidad de poner límites a aquellos que te bombardean con consejos de todo tipo.

Debes dormir lo necesario, comer bien y evitar el alcohol, puesto que no funciona y tapa emociones.

¿Cómo buscar psicólogo?

Lo mejor es buscar a un profesional especialista en duelo o en terapia de pareja. Existen plataformas online donde tener citas virtuales, algo que puede ser perfecto si trabajas mucho o vives lejos.

En la primera sesión deberás ser honesto y ver si encajas con el profesional. Si ves que no hay buenas vibraciones, lo mejor es probar con otro.

La duración por término medio es de entre 6 y 12 meses. En ocasiones pueden ser necesarias sesiones de refuerzo.

La esperanza del renacer

El hecho de buscar ayuda no borrará tu pasado, pero ayuda a darte alas para buscar un mejor futuro. Hay bastante gente que sale más fuerte de este tipo de situaciones y sabiendo qué es lo que desea de verdad en una relación. Te conoces mejor a ti mismo.